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18.07.2011 (Hace 306 Días)
Este es el blog de Amanda. Desde aquí, compartiré mis deliciosas experiencias reales dentro del sexo lésbico.
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Mi mundo (1 publicaciones)
Una bailarina pelirroja:
Una bailarina pelirroja:
hace 306 días 0 comentarios Categorías: Mi mundo Etiquetas: Experiencias reales
El verano pasado, más o menos por estas tórridas fechas?, asistí a un seminario de ballet clásico fuera de mi ciudad. Solamente éramos 12 alumnos. 7 chicas y 5 chicos, de los cuales 2, evidentemente, eran pareja. Las clases eran durísimas y todos los días terminábamos exhaustos y, la verdad, es que con tanto trabajo, calor y sudor, yo no pensaba demasiado en sexo. A veces llegaba a la triste habitación de la pensión en la que me alojaba, me desnudaba, me tendía en la cama, apuntaba el ventilador directamente hacia mi coñito y comenzaba a sentirlo húmedo y ardiente. Esperaba unos minutos, me acariciaba los pechos suavemente, y cuando mis pezones ya estaban bien duritos, los pellizcaba con fuerza. Algunas veces terminaba masturbándome, otras, simplemente me quedaba dormida de cansancio. Y de repente, un día en los vestuarios, reparé en ella, reparé en ella de verdad, a pesar de haberla visto varios días anteriormente. A pesar del agotamiento, del dolor punzante de los pies, a pesar de la dura disciplina impuesta, desperté. Sentí cómo mi vientre se removía, cómo mi sexo se empapaba de flujo cálido y espeso ante la visión de aquel bellísimo coño totalmente cubierto de vello de pelirrojo, haciendo juego con su melena, sus pechitos de pezones iguales que capullos de rosa y sentí que necesitaba más que nada en el mundo hacer mía a Zoe. Aquella noche me masturbé más de 10 veces, con la imagen de aquel coñito rojo impreso en mi retina. Pensé que sólo iba a quedarse en una fantasía, un dulce sueño que traerme de vuelta a casa junto con las clases. Afortunadamente, no fue así. Después de 5 horas bailando, corrimos a los vestuarios a por la rigurosa ducha fría y, mientras yo me desnudaba dejando al descubierto mis pechos perlados de sudor, ella me susurró al oído_he visto cómo me mirabas ayer y quiero saber por qué lo hacías_Yo me limité a asentir y la esperé a la salida. Cuando se acercó a mí con una irresistible sonrisa, estuve a punto de experimentar un orgasmo debido a los nervios. Lo primero que me dijo fue que ella también se había fijado en mí, primero por mi técnica, después por mi fragilidad y por último, se había fijado en mis pechos tan turgentes en un cuerpo tan delgado. La comunicación fue tan rápida y fluída entre nosotras que en un par de horas, tras apurar unas cervezas, acabamos en mi pensión. Una vez dentro, confesé que no podía más, que me moría de deseo. Comenzamos a besarnos dulce y apasionadamente, hasta que acabamos yaciendo en la cama, completamente desnudas...
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